
BioActiva LAB: una plataforma científica para estudiar el potencial de los recursos vegetales de Chile
La iniciativa de la Universidad de Valparaíso integra capacidades de química, biología y neurociencias para caracterizar extractos vegetales y estudiar sus posibles propiedades biológicas. El proyecto busca generar conocimiento científico y acercar estas capacidades a empresas interesadas en desarrollar productos con mayor respaldo y valor agregado.
Antes de preguntarse si un extracto de boldo, matico, peumo u otra especie vegetal puede presentar una determinada actividad biológica, existe una pregunta más básica: ¿qué contiene realmente?
Responderla es uno de los primeros pasos de BioActiva LAB, plataforma de la Universidad de Valparaíso que busca generar conocimiento científico sobre la composición y las propiedades biológicas de recursos vegetales utilizados o producidos en Chile.
la iniciativa forma parte del proyecto frpd “plataforma de servicios para evaluar capacidades bioactivas de nutracéuticos”, código BIP N°40074602-0. Esta iniciativa ha sido financiada con aportes del Fondo Regional para la Productividad y Desarrollo 2025 del Gobierno Regional de Valparaíso.
El doctor Agustín Martínez, académico de la Universidad de Valparaíso, investigador del Instituto Milenio Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso (CINV) y director del proyecto, explica que existe una brecha entre el valor tradicional y comercial de numerosos productos vegetales y la información científica disponible sobre su composición, seguridad y posibles efectos biológicos.
BioActiva LAB busca contribuir a reducir esa distancia trabajando con empresas que recolectan, producen o elaboran productos de origen vegetal. La evidencia obtenida puede ayudarles a conocer mejor sus materias primas, orientar decisiones de innovación y explorar productos con mayor valor agregado.
En la Región de Valparaíso, esta vinculación busca acercar las capacidades científicas de la Universidad a empresas que trabajan con recursos vegetales y generar nuevas oportunidades de innovación y desarrollo productivo.
El modelo de trabajo contempla cinco etapas, desde la revisión de los antecedentes disponibles y la caracterización química de los extractos hasta su evaluación en células y, cuando los resultados lo justifican, en modelos experimentales de mayor complejidad.
De la planta a su composición química
La doctora Marcela Escobar, también académica de la Universidad de Valparaíso, lidera el equipo responsable de obtener los extractos vegetales y realizar su caracterización química. Entre las especies estudiadas se encuentran plantas nativas de Chile con antecedentes de uso en medicina tradicional, como boldo, vira vira, matico, colliguaja, peumo y molle.
El trabajo comienza con la recolección de hojas, tallos, flores o frutos. Las muestras son posteriormente secadas, fraccionadas y molidas antes de preparar los extractos.
“Antes de continuar con otras fases del estudio, necesitamos conocer la composición química de los extractos”, explica la doctora Escobar.
Esto permite identificar y cuantificar sustancias que podrían tener actividad biológica, como polifenoles y flavonoides. Una de las técnicas utilizadas es la cromatografía líquida de alta resolución, conocida como HPLC.
En términos simples, esta herramienta separa los distintos componentes presentes en una mezcla. Un detector registra sus señales y permite identificar determinados compuestos y conocer sus cantidades.
De esta manera se obtiene una especie de “huella química” de cada extracto, útil para seleccionar muestras y asegurar que los estudios posteriores se realicen con preparaciones de composición conocida y reproducible.
De la composición a los efectos biológicos
Saber qué contiene una planta no significa que sus componentes produzcan necesariamente un beneficio para la salud.
El doctor Martínez explica que la caracterización debe complementarse con ensayos que permitan estudiar posibles efectos biológicos y detectar señales de toxicidad. En BioActiva LAB existe un interés particular en procesos relacionados con la inflamación y la neuroinflamación, sin asumir previamente que los productos tendrán un efecto favorable.
Tras la caracterización, algunas muestras pueden avanzar hacia cultivos celulares. Allí se estudian aspectos como toxicidad y viabilidad celular, además de su capacidad para proteger a las células frente a determinados estímulos dañinos.
La viabilidad permite conocer cuántas células permanecen vivas y funcionales después de exponerse a una sustancia, mientras que la citoprotección evalúa si una preparación ayuda a protegerlas frente a un daño provocado experimentalmente.
Dependiendo de los resultados, algunas muestras pueden avanzar hacia modelos más complejos, como Caenorhabditis elegans, un pequeño gusano utilizado en investigación biomédica, y eventualmente hacia otros estudios preclínicos.
Construir evidencia sin adelantar conclusiones
Una de las precauciones centrales del proyecto es reconocer los límites de cada resultado.
“Un resultado positivo en un cultivo celular o en un modelo animal no demuestra, por sí solo, que un producto sea eficaz o seguro en personas”, advierte el doctor Martínez.
Los experimentos permiten estudiar mecanismos en condiciones controladas, pero no reproducen toda la complejidad del organismo humano. Tampoco permiten concluir directamente que un extracto puede utilizarse como medicamento o tratamiento.
La doctora Escobar plantea una limitación similar respecto del HPLC: identificar determinados compuestos no permite establecer por sí solo que produzcan un efecto biológico, ni demostrar su seguridad o eficacia terapéutica.
“El objetivo es contribuir a construir evidencia científica y abrir oportunidades para futuros desarrollos nutracéuticos, farmacéuticos o de otro tipo”, señala el doctor Martínez.
Una plataforma que busca permanecer
BioActiva LAB busca diferenciarse de un análisis aislado al integrar capacidades de química, biología, neurociencias y otras disciplinas, de acuerdo con las características de cada producto y las preguntas de las empresas participantes.
Al finalizar los estudios, las empresas recibirán informes con los resultados y sus limitaciones. Cuando corresponda, el trabajo también podría dar origen a nuevas investigaciones, publicaciones científicas, desarrollos tecnológicos o iniciativas de protección intelectual.
La proyección del proyecto va más allá de sus resultados inmediatos. La iniciativa busca dejar instalada en la Universidad de Valparaíso una plataforma multidisciplinaria que continúe desarrollando proyectos y servicios especializados de investigación, desarrollo e innovación.
“Su principal fortaleza será ofrecer a las empresas un acceso coordinado a conocimientos y metodologías de distintas áreas de la Universidad”, explica el doctor Martínez.
Desde una planta recolectada hasta el análisis de cómo responden las células frente a sus componentes, BioActiva LAB propone un recorrido basado en una idea central: antes de atribuir propiedades a un producto natural, es necesario generar evidencia que permita ponerlas a prueba.







Nota: Cristhian Sanzana









