
Los desafíos que implica e impone hacer innovación social en un escenario global tensionado por aceleradas transformaciones
Tema fue el eje del seminario Horizontes Comunes, organizado por el proyecto Conocimientos 2030 que impulsa la Vicerrectoría de Investigación e Innovación de la Universidad de Valparaíso, con el respaldo de la ANID. En la actividad expuso el consultor Tomy Megna, director del reconocido laboratorio creativo Learning by Helping.
En un escenario global caracterizado y tensionado por aceleradas transformaciones sociales, culturales, tecnológicas y ambientales, que a diario generan una serie de complejos desafíos locales cuya superación pasa por implementar alternativas que contribuyan verdaderamente al bienestar común, la innovación social se erige como sólido punto de encuentro y partida de soluciones pertinentes, empáticas y perdurables.
Los aportes al entorno de este proceso, y los desafíos que su aplicación demanda a los países, las organizaciones, las empresas, las comunidades y las instituciones de educación superior,
fueron analizados en el seminario Horizontes Comunes, que convocó a más de un centenar de autoridades, profesionales, docentes, estudiantes y público general.
Concebido como un espacio de reflexión y diálogo interdisciplinario, el encuentro fue organizado por el proyecto Conocimientos 2030, iniciativa impulsada por la Vicerrectoría de Investigación e Innovación de la Universidad de Valparaíso, financiada por la Agencia Nacional de Innovación y Desarrollo (ANID), que busca transformar la investigación y la formación en artes, humanidades, derecho y ciencias sociales, mediante una mayor conexión con las necesidades del territorio.
La actividad consideró la participación como expositor internacional invitado del consultor en innovación y creatividad Tomy Megna, director fundador del laboratorio y agencia Learning by Helping.
La inauguración del seminario estuvo a cargo del vicerrector de Investigación e Innovación, Fuad Hatibovic, quien en la ocasión destacó la posibilidad de generar instancias de conversación destinadas a comprender la innovación más allá de la generación de nuevas tecnologías, productos o servicios, y orientadas a transformar prácticas, relaciones, instituciones y formas de abordar las necesidades y desafíos de las comunidades.
“Los problemas del siglo XXI difícilmente podrán ser comprendidos o abordados desde una única disciplina o campo de conocimiento. De ahí la importancia de abrir espacios de debate en que converjan las ciencias sociales, las humanidades, las artes, el diseño, la arquitectura, las ciencias, la tecnología y los saberes provenientes de las propias comunidades, con miras a construir perspectivas más integrales y multidimensionales frente a fenómenos de alta complejidad”, observó el vicerrector.
A la cita también asistieron, entre otras autoridades, la vicerrectora de Vinculación con el Medio, Paulina Gundelach; el decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Gonzalo Lira, y el director del proyecto Conocimientos 2030, Juan Sandoval.
Soluciones sostenibles
Durante la conferencia que dictó, titulada “Innovación Social con Impacto: horizontes y desafíos para el siglo XXI”, Tomy Megna dio cuenta —en primer término— de la labor que realiza Learning by Helping, laboratorio y agencia de innovación social que él mismo fundó y dirige, cuyo foco es el diseño e implementación de proyectos, iniciativas y programas destinados a resolver problemas sociales o ambientales reales, que generen un impacto positivo en las personas y la comunidades y, de paso, gocen de viabilidad financiera.
Acto seguido, y aludiendo a la experiencia que acumula como resultado de los trabajos por casi una década que ha realizado para diversas empresas, ONGs, profesionales, entidades multisectoriales, sindicatos, fondos regionales, administraciones públicas y organismos internacionales como Unesco, este activista y consultor nacido en Argentina y radicado en Barcelona (Cataluña, España) explicó que su quehacer —y el del equipo que lidera— sustenta su propósito en la creatividad, por el hecho de que la gran mayoría de los retos que asume surgen de demandas o anhelos de larga data.
“Muchos de los dilemas que se nos presentan o buscamos resolver responden a situaciones preexistentes, por lo que se necesita de un poquito más de lateralidad de pensamiento para dar con soluciones de fondo para ellos, y que a la vez sean sostenibles en el tiempo. Es decir, las propuestas de solución que aspiramos a implementar, sean sociales o ambientales, también son siempre soluciones económicas. Esto es fundamental, ya que con ello evitamos que nuestras respuestas se desvanezcan al poco andar o generen un impacto negativo, que es exactamente lo opuesto de lo que buscamos, si bien la posibilidad de cometer errores siempre está presente. Cuando logramos hacer todo eso, cuando nuestra solución a problemas sociales o ambientales reales incorpora la sostenibilidad económica, entonces y solo entonces estamos haciendo verdadera innovación social, que en definitiva es nuestra propuesta de valor”, argumentó Megna.
Soberanía estratégica
A lo largo de su intervención, el director de Learning by Helping insistió en que toda iniciativa o proyecto que aspire a producir auténtica innovación social debe obligadamente generar un impacto neto más positivo que negativo en las esferas social, ambiental y económica.
Tomado como ejemplo a tres de sus proyectos exitosos, Megna introdujo a su audiencia en la metodología del Triángulo de las 3Q, que ideó en su laboratorio para potenciar la sostenibilidad y que, en lo esencial, permite analizar la cadena de valor de una iniciativa mediante tres preguntas clave: a quién va dirigido el producto, con qué recursos se elabora y con quién se produce, promoviendo de paso la mejora continua de su impacto positivo.
Al ser requerido sobre este punto con mayor detalle, después de su presentación, el consultor sostuvo que cuando la cadena de valor no está clara, la sostenibilidad no se logra y un proyecto depende exclusivamente de donaciones o subvenciones, más temprano que tarde verá limitada su autonomía o soberanía estratégica, y el éxito de su ejecución quedará supeditado a agendas y políticas cambiantes o a prioridades, obligaciones y voluntades externas.
Megna afirmó que la verdadera innovación social, la sostenible, debe ser entendida como un puente entre las instituciones o empresas enfocadas únicamente en el beneficio financiero y aquellas organizaciones dedicadas exclusivamente al impacto social, toda vez que al aportar una visión colectiva y empática con el entorno contribuye al desarrollo de soluciones relevantes y duraderas.
Rol de las universidades
En ese entendido, y celebrando los objetivos del proyecto Conocimientos 2030 que impulsa la Universidad de Valparaíso, el consultor sostuvo que las universidades —por su misión— están llamadas a desempeñar un papel fundamental, como espacios de contención y formación capaces de otorgar las herramientas prácticas adecuadas a quienes deseen innovar a nivel social.
Pese a ello, sin embargo, Megna advirtió que al ejercer ese rol protector e incubador, las universidades suelen cometer errores y pasar por alto el hecho de que un significativo número de los proyectos de innovación social que ellas mismas diseñan, postulan e impulsan no cumplen con la obligación de ser sostenibles y, por tanto, en el corto o mediano plazo dejan de existir o nunca lograr ser autónomos, lo que reduce, anula o desvanece el impacto positivo que preliminarmente anuncian o generan en las comunidades y los territorios.
“Es clave que las universidades entiendan que si bien es necesario y correcto que funcionen como entornos protegidos, para que los proyectos que surgen de su quehacer académico e investigaciones atraviesen varios ciclos de prueba, error y acierto, esa condición debe cambiar al momento de aplicarlos en el mundo real. Allí deben superar esa dinámica y apostar por la autonomía de sus iniciativas, para que no sigan dependiendo de ellas mismas, sino que su gestión quede radicada en sus destinatarios o beneficiarios”, sentenció el director del Learning by Helping.
Un gran desafío
Los planteamientos de Megna fueron analizados durante el desarrollo de un panel de conversación titulado “Innovación e interdisciplina aplicada: coordenadas para horizontes comunes”, que incluyó el programa del seminario.
En esta instancia intervinieron el psicólogo Dennys Pérez, docente de la Escuela de Psicología y gestor comunitario del parque el Litre de Valparaíso, quien expuso el modelo de gestión comunitaria de ese espacio público; la actriz e investigadora teatral Lía Toro, académica de la Escuela de Teatro, quien presentó “Escalera arriba”, experiencia de dispositivos vecinales cocreativos diseñado por esa unidad académica; la abogada Marcela Aedo, quien habló de “Cárcel y arte”, iniciativa de la Escuela de Derecho que promueve el aprendizaje y la reinserción social de personas recluidas, y el académico Carlos Lara, de la Escuela de Arquitectura, quien guio y moderó los comentarios.
Para Lía Toro, el llamado del consultor a las universidades en materia de innovación social representa un gran desafío.
“Como gestores de proyectos, en particular de Escalera Arriba, nos preguntamos constantemente cómo podemos hacer que las propias comunidades administren y gestionen cómo quieren continuar levantando experiencias artísticas y espacios de creación en el nivel del desarrollo de lo humano y lo sensible. Es algo que nos llevamos constantemente cada vez que estamos en los territorios y nos afianzamos con un grupo. Hay espacios donde hemos logrado que algunas bolitas sigan rodando con independencia de nosotros, como compañías de teatro comunitario, pero siempre tenemos que estar pensando nuevas formas de trabajo que vayan más allá de la universidad”, expresó.
En tanto, Marcela Aedo dijo que tanto el proyecto Conocimientos 2030 como la visión del director de Learning by Helping invitan a generar un marco institucional que dé sostén a la innovación social.
“Estos proyectos no pueden ser, simplemente, productos de iniciativas aisladas, sino que tienen que formar parte de una política declarada por parte de la universidad, con una institucionalidad que la sostenga y le dé valor”, aseguró.
Sus opiniones fueron complementadas por el director de Conocimientos 2030, el profesor Juan Sandoval, quien explicó que uno de los desafíos principales de este proyecto es proponer modos y maneras de volver sostenibles las iniciativas destinadas a transformar la investigación y la formación en artes, humanidades y ciencias sociales, desde el punto de vista de sus recursos materiales, sus recursos humanos, financieros y tecnológicos, entre otros.
“Precisamente, uno de los temas que surgió de la exposición y la conversación que consideró este seminario es cómo pensar en preguntas y definir objetivos que permitan formular iniciativas capaces de mantenerse en el tiempo, sin alejarse de sus propósitos sustantivos, mediante alianzas y vínculos con otros actores y otras autorías del medio, y que sin sacrificar su autonomía, logren recursos para proyectarse y mantenerse más allá de un financiamiento inicial o un subsidio del Estado o de la propia universidad”, cerró el académico e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la UV.



Nota: Gonzalo Battocchio / Fotos: Denis Isla / Video: Felipe Olguín









