
“No necesitamos solo reproductores de la cultura, sino agentes transformadores”: Eduardo Asfura asume la jefatura de Pedagogía en Lengua y Literatura UV
Periodista de formación, profesor y doctor en Educación, Eduardo Asfura llega a la Universidad de Valparaíso con una trayectoria ligada a la enseñanza, la literatura y la formación docente. Desde su nuevo rol, plantea como desafío fortalecer la identidad territorial de la carrera y defender el lugar de las humanidades en una sociedad que, advierte, “se ha dejado de preguntar por los porqués”.
Hay decisiones profesionales que parecen seguir caminos distintos hasta que, con el tiempo, comienzan a encontrar un mismo sentido. La trayectoria de Eduardo Asfura es una de ellas. Periodista de formación, profesor de Lengua y Literatura y doctor en Educación, su recorrido profesional ha transitado por las aulas escolares y universitarias, la investigación y la formación de docentes.
Nacido en Chillán y menor de seis hermanos, Asfura inició su vida universitaria estudiando Periodismo. Tras ejercer durante algunos años en medios de comunicación y en el ámbito gremial, decidió profundizar su vínculo con la educación y cursó Pedagogía en Lengua y Literatura, entonces denominada Lenguaje y Comunicación. Más tarde realizó un Magíster en Literatura en la Universidad de Chile y llegó al Doctorado en Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se especializó en didáctica de la lengua y la literatura.
“Tenía esta duda: me gusta la literatura, pero también me gusta mucho la educación”, recuerda al explicar el momento en que encontró en la didáctica de la literatura un espacio capaz de reunir sus dos intereses.
Ese cruce terminaría marcando buena parte de su trayectoria. Antes de incorporarse a la Universidad de Valparaíso, Asfura trabajó como docente en distintos niveles del sistema escolar, incluyendo establecimientos de enseñanza secundaria, y posteriormente desarrolló una extensa carrera universitaria. Desde 2008 estuvo vinculado a la Universidad San Sebastián, donde aportó durante 16 años a la formación inicial docente; especialmente, en la carrera de Lenguaje y Comunicación. También ha trabajado en la Academia de Humanismo Cristiano y, desde 2023, en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile, con la que aún mantiene un vínculo como investigador.
Llegar a una carrera con mucho por hacer
Su llegada a la Universidad de Valparaíso representa también un nuevo capítulo profesional. Por primera vez se incorpora a una institución universitaria de la región y lo hace, además, a una carrera joven, con un proyecto que todavía tiene mucho espacio para crecer.
La decisión de postular a la UV estuvo estrechamente vinculada con su carácter estatal y con la posibilidad de contribuir desde una universidad pública y regional. “Me interesaba también por lo mismo que tú dices, por ser una carrera que tiene mucho por hacer”, afirma.
En esta nueva etapa, una de las ideas que aparece con mayor fuerza en su mirada es la de identidad territorial. Para Asfura, formar profesores desde una universidad regional implica preguntarse por el territorio en el que esa formación ocurre y por las comunidades a las que estará dirigida. “La identidad territorial de las regiones es una cosa que creo que necesitamos desarrollar y necesitamos también jugarnos mucho más por proyectos con sentido territorial”, plantea.
La reflexión se conecta con una preocupación más profunda sobre el modo en que se ha construido históricamente la educación en América Latina. A su juicio, los proyectos educativos no pueden desarrollarse al margen de las identidades y experiencias de quienes los habitan. “Creo que la mirada sobre quiénes somos es fundamental para desarrollar los proyectos educativos”, explica el nuevo jefe de carrera.
Defender las humanidades en tiempos de preguntas técnicas
Esa concepción territorial se articula con otra de las grandes preocupaciones que Asfura identifica para la formación docente: el lugar de las humanidades en una sociedad que tiende a valorar cada vez más aquello que puede medirse en términos técnicos o económicos.
El académico observa un escenario marcado por la escasez de docentes, el cierre de carreras de pedagogía y las crecientes exigencias de calidad para la formación inicial. A esto suma desafíos como la inclusión y la diversidad, entendidas no únicamente desde las necesidades educativas especiales, sino también desde fenómenos como la migración y la interculturalidad.
Pero detrás de estos desafíos existe, para él, una pregunta todavía más profunda: una sociedad que se deja de preguntar por los porqués corre el riesgo de reducir su comprensión del mundo a cuestiones técnicas y económicas, advierte. Frente a ello, reivindica a las humanidades como el espacio desde el cual es posible volver a formular preguntas sobre los sentidos y propósitos de la vida en común. Por eso su posición es categórica: “No podemos instrumentalizar la formación humana”.
Desde esa perspectiva, la formación de profesores de Lengua y Literatura adquiere una responsabilidad que va más allá del dominio de contenidos disciplinares. Se trata de preparar a quienes serán mediadores entre la lengua, la literatura, la cultura y las nuevas generaciones. Para ello, plantea como desafío fortalecer la dimensión pedagógica y, especialmente, integrar los saberes disciplinares con los saberes pedagógicos.
Desde su mirada, la calidad de la formación docente tampoco puede reducirse al cumplimiento de estándares. Estos deben convertirse en herramientas vivas, capaces de dialogar con las experiencias concretas de las escuelas y de quienes se están formando como profesores.
Por eso considera fundamental fortalecer el vínculo entre universidad y escuela, reconociendo las experiencias y repertorios personales de los futuros docentes. “Esa alta exigencia de calidad no puede prescindir de las experiencias y repertorios personales” de quienes han decidido seguir la profesión docente, sostiene.
El propósito final, plantea, es que las y los estudiantes no sean preparados únicamente para reproducir conocimientos o prácticas existentes, sino para intervenir críticamente en su entorno.
“Tenemos que consolidar ese vínculo y esencialmente trabajar para no solo procesos de socialización sino para también que nuestros futuros profesores y profesoras puedan ser agentes transformadores de la cultura”, afirma.
Y es justamente en esa idea donde parece confluir buena parte de su trayectoria: el periodista que encontró en la educación una nueva forma de preguntar; el profesor que hizo de la literatura un espacio de mediación; y el investigador que hoy llega a la Universidad de Valparaíso con el desafío de contribuir al crecimiento de una carrera joven.
Nota: Marcela Venegas / Fotos: Denis Isla









