
Simulacro de incendio en Campus Reñaca de la UV dio inicio al proceso de evaluación de los planes de emergencia institucionales
El ejercicio fue planificado por el Comité Paritario de Higiene y Seguridad de la Facultad de Medicina y la Unidad de Seguridad y Salud Laboral de la casa de estudios. En su ejecución colaboraron el Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar, el municipio local y el IST.
La voz de alerta la dio justo al mediodía un auxiliar de mantenimiento que vio emanar humo desde el interior de una bodega ubicada en el segundo subsuelo. De inmediato, el funcionario dio aviso a un sorprendido enfermero coordinador, quien a su vez acudió a paso veloz hasta ese lugar para verificar la situación con sus propio ojos. Al llegar frente a la bodega, el profesional observó que el humo ya parecía dar paso al fuego. Lo que hizo después fue casi instintivo. Siguiendo el protocolo establecido, activó la alarma de evacuación y llamó desde su celular a Bomberos. No había duda ni tiempo que perder: el edifico clínico del Campus Reñaca de la Universidad de Valparaíso estaba siendo afectado por un incendio.
Instantes después, medio centenar de docentes, investigadores, estudiantes, personal administrativo y de la salud interrumpió sus labores, abandonó sin demora sus oficinas y laboratorios y enfiló hacia las escaleras y vías de escape, con la ayuda de algunos guardias y bajo la guía atenta de los líderes de evacuación designados. A ellos se sumaron diez pacientes que en ese preciso momento se encontraban en alguno de los boxes de atención, en las salas de espera o de toma de muestras.
Así, súbitamente, inició el simulacro de emergencia que tras cuatro meses de estricta preparación, y con la debida reserva y sigilo, pusieron en marcha en esa sede institucional el Comité Paritario de Higiene y Seguridad de la Facultad de Medicina y la Unidad de Seguridad y Salud Laboral de la UV. El operativo contó con la colaboración del Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar, el municipio local y el Instituto de Seguridad del Trabajo (IST).
Apoyo transversal
La actividad duró poco más de una hora e incluyó la participación de un carro de la Octava Compañía, el cual arribó hasta el sitio del simulado siniestro apenas cinco minutos después de decretada la alarma.
Tras descender de la máquina, y mientras conectaban las mangueras para combatir el fuego, los bomberos fueron alertados de una nueva situación. En el hall de acceso del primer subsuelo yacía tendida una persona que había resultado herida mientras intentaba ponerse a salvo, la que ya estaba recibiendo los primeros auxilios.
Se trataba, en definitiva, de un fantoma que había sido colocado allí por un integrante del equipo evaluador, que de esta manera daba paso a la segunda fase del ejercicio.
Enterado de este hecho, el enfermero coordinador —quien para entonces había asumido el rol de jefe operativo de la emergencia— procedió a llamar al SAMU. En el intertanto, una camioneta de Seguridad Ciudadana llegaba al Campus Reñaca para bloquear su acceso por calle Souper, al tiempo que funcionarios municipales se apostaban en puntos estratégicos del perímetro de esa sede universitaria, con el fin de impedir el ingreso de vehículos particulares y transeúntes curiosos y, además, asegurar el libre paso de la esperada ambulancia.
Veinte minutos después, el teniente a cargo del escuadrón de bomberos daba cuenta al jefe operativo que el incendio había sido extinguido y que ellos mismos habían evacuado en camilla a la persona accidentada, la que se encontraba estable, fuera de todo riesgo y debidamente resguardada, a la espera de que arribara la unidad del SAMU proveniente del IST.
Atendido este informe y tras comprobar que las condiciones al interior del edificio clínico habían vuelto a ser seguras, el encargado institucional solicitó desactivar la alarma. La emergencia se daba por superada.
Evaluación de planes
El simulacro que tuvo lugar en el Campus Reñaca concluyó, sin embargo, solo después de finalizada una breve reunión de evaluación que sostuvieron en terreno los integrantes del comité de emergencia a cargo de su planificación y desarrollo, quienes —junto a representantes de organismos externos y observadores institucionales— analizaron el desempeño de cada interviniente en el ejercicio y los tiempos de respuesta, como insumo preliminar para el informe escrito que en los próximos días deberán levantar y presentar sobre los hallazgos, las fortalezas, las debilidades y las oportunidades de mejora derivados de su realización.
“En general estamos más que satisfechos, ya que con esta actividad iniciamos, además, los procesos de evaluación de los planes de emergencia o de respuesta ante desastres de cada una de las diferentes sedes institucionales, que en las siguientes semanas y meses también serán sometidas a simulacros. Es importante precisar que estos planes apuntan, por un lado, a validar los procedimientos que contienen y, por otro, a conocer la adhesión de la comunidad universitaria e identificar oportunidades de mejora para ellos, ya que el papel lo resiste todo. Lo cierto es que al final lo que prima es cómo se actúa en la práctica frente a una emergencia”, sostuvo Emilio Carrizo, ingeniero en Prevención de Riesgos de la Unidad de Seguridad y Salud Laboral de la UV.
Similar sensación expuso Nicolee Hormazábal, presidenta del Comité Paritario de la Facultad de Medicina, sede Reñaca, quien se mostró gratamente complacida por la manera en que este desafío se abordó y materializó.
“Con este simulacro culmina un proceso que junto a la Unidad de Seguridad de la UV iniciamos en abril, como parte de los proyectos que acordamos ejecutar durante 2026. En este trabajo hemos contado con la colaboración de la municipalidad, Bomberos y el IST, y de otras reparticiones externas e internas, a cuyos encargados y personal les agradecemos por toda la ayuda y facilidades que nos brindaron”, afirmó.
En tanto, para el enfermero coordinador del Edificio Clínico del Campus Reñaca, quien en la ocasión actuó como jefe operativo de la emergencia, el siniestro simulado representó un desafío mayúsculo, aunque plenamente positivo y enriquecedor.
“Tuvimos un simulacro que incluyó un incendio y, aparte, un accidentado. Es decir, fue un doble ejercicio. Este nos permitió comprobar, entre otras cosas, cómo nos desempeñamos y de qué forma respondimos en un entorno complejo. Mañana tal vez debamos enfrentar un terremoto o tsunami. Así que no me cabe duda de que toda preparación que nos ayude a actuar mejor ante este tipo de circunstancias será beneficiosa en lo personal y en lo colectivo”, concluyó Sebastián Sierra.







Nota: Gonzalo Battocchio / Fotos: Matías Salazar / Video: Felipe Olguín



