
Creatividad, ciencia y aprendizaje: ArteQuim innova la enseñanza de la Química en la Facultad de Ciencias
La iniciativa, impulsada por el académico Rodrigo Segura, invitó a estudiantes a traducir conceptos de Química Inorgánica en juegos, música y propuestas didácticas.
Aprender química a través del juego, la música y la creatividad fue el desafío que enfrentaron cerca de veinte estudiantes del programa de Licenciatura en Ciencias y de la carrera de Ecología durante la duodécima versión de ArteQuim, iniciativa que desde 2014 transforma la última clase de Química Inorgánica en un espacio donde el conocimiento científico dialoga con las artes y la divulgación.
La actividad se realizó en la Sala de Aprendizaje Activo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valparaíso. En esta oportunidad, cinco equipos presentaron propuestas como Memorice, Pasapalabra, Quimiópolis, No Corras en el Laboratorio y un original rap sobre ácidos y bases, convirtiendo conceptos complejos de la química en experiencias lúdicas para reforzar el aprendizaje.
El impulsor de la iniciativa, doctor Rodrigo Segura, académico del Instituto de Química y Bioquímica UV y profesor de la cátedra de Química Inorgánica I, entre otras asignaturas, destacó la evolución que ha tenido la actividad durante estos doce años.
"Creo que esta vez hubo más juegos que en versiones anteriores. Tuvimos cuatro juegos de mesa y la gran novedad fue una batalla de rap. Fue muy entretenido y demuestra cómo los estudiantes son capaces de apropiarse de los contenidos desde distintas formas de expresión", comentó. Y luego explicó: "Esta actividad, aunque se desarrolla en el contexto de una disciplina estructurada como la química, invita a los estudiantes a pensar la ciencia desde una perspectiva distinta. La creatividad también forma parte del trabajo científico y de la generación de conocimiento", sostuvo.
El doctor Segura agregó que ArteQuim busca desarrollar competencias que van más allá del dominio de los contenidos disciplinares.
"Los científicos trabajamos creando. Más allá de los protocolos y del método científico, siempre existe un proceso creativo detrás de la construcción del conocimiento. Además, este ejercicio permite que los estudiantes aprendan a comunicar la ciencia de una manera más didáctica, cercana y comprensible para públicos no especializados", afirmó.
Durante la jornada, cada equipo presentó y explicó el funcionamiento de su propuesta, compartiendo con sus compañeros y compañeras el proceso de diseño, los fundamentos científicos y las estrategias utilizadas para transformar contenidos complejos en experiencias de aprendizaje.
Es el caso de Amparo Morales, estudiante de la carrera de Ecología, quien junto a su equipo presentó el juego No Corras en el Laboratorio: "Nuestro juego está basado en el tradicional Serpientes y Escaleras. Los participantes avanzan por un tablero hasta llegar a la meta, pero en el camino encuentran comodines, trampas y deben responder preguntas relacionadas con la química y con las reacciones que ocurren en un laboratorio. Incluimos preguntas sobre contenidos que vimos durante el curso, como configuración electrónica, tabla periódica y propiedades de los elementos".
La estudiante añadió: "Cada vez que un jugador lanza el dado debe responder correctamente una pregunta para seguir avanzando. Preparamos 86 preguntas, de distintos niveles, para que el juego permitiera repasar los principales contenidos del semestre de una manera entretenida". Y enfatizó: "Me pareció una excelente forma de cerrar el semestre, porque rompe un poco con el estrés de las evaluaciones tradicionales. Diseñar un juego hace que el aprendizaje sea mucho más entretenido y motivador y, al mismo tiempo, uno termina reforzando los contenidos casi sin darse cuenta".
En tanto, Ruth Matus y Javier Karmi, estudiantes de Licenciatura en Ciencias, presentaron Quimiópolis, una propuesta inspirada en el tradicional Monopoly. "Queríamos acercar la química de una forma más interactiva y entretenida, y pensamos que el Monopoly era una muy buena base para adaptarlo. Incorporamos cartas que permiten aprender sobre enlaces químicos, estados de la materia y otras propiedades, manteniendo la dinámica del juego original", explicó Ruth Matus.
Por su parte, Javier Karmi destacó el desafío de convertir contenidos científicos en una experiencia lúdica: "Lo más complejo fue diseñar un juego que mantuviera el rigor de los contenidos vistos durante el semestre y, al mismo tiempo, fuera fácil de comprender y entretenido para cualquier persona. Conservamos la lógica del Monopoly, pero aquí, por ejemplo, en lugar de dinero se obtienen protones; en vez de ir a la cárcel se va al laboratorio, y durante el recorrido pueden ocurrir explosiones, cambios de isótopos o transiciones entre los estados de la materia".
Otra de las propuestas fue Pasapalabra, desarrollada por Catalina Olivares y Catalina Vargas, estudiantes de Ecología, quienes adaptaron el conocido concurso televisivo a los contenidos de la asignatura. "Fue una experiencia muy entretenida. Después de tantas pruebas y de la carga académica del semestre, necesitábamos una actividad diferente. Aprender jugando ayuda a relajarse, pero también a reforzar los contenidos. Me gustaría que este tipo de experiencias se replicaran en otros ramos", comentó Catalina Olivares.
Su compañera Catalina Vargas explicó que el principal desafío fue adaptar los conceptos científicos al formato del juego: "Nuestro objetivo fue aplicar los contenidos de Química Inorgánica de una manera lúdica. Lo más difícil fue encontrar un concepto apropiado para cada letra del abecedario y redactar definiciones claras que permitieran identificar correctamente cada término".
Una de las propuestas más innovadoras de esta versión fue un rap sobre ácidos y bases, creado por Loreto Valenzuela y Nasim Suez, estudiantes de Licenciatura en Ciencias, quienes decidieron explicar los principales conceptos de la unidad a través de la música. "Junto a mi compañero creamos un rap sobre ácidos y bases para explicar, de una manera distinta, las diferencias entre ambos, sus propiedades y cómo interactúan. La idea era que nuestros compañeros comprendieran estos conceptos mientras disfrutaban de una actividad entretenida y diferente", explicó Loreto Valenzuela.
Paralelamente, Nasim Suez destacó que la propuesta surgió como una forma de enfrentar el desafío de la evaluación desde la creatividad: "Queríamos hacer algo distinto y pensamos: ¿por qué no enseñar química cantando? Escribimos la letra, armamos las rimas y nos atrevimos a presentarlo. Este tipo de actividades hace que el curso sea mucho más cercano y demuestra que también es posible aprender ciencia de una manera entretenida".
Loreto reconoció que rapear frente a sus compañeros no fue una tarea sencilla. "No fue fácil mantener el ritmo, pero lo importante era que nuestros compañeros entendieran las diferencias entre un ácido y una base. Al final se rieron, participaron y el mensaje llegó, que era justamente lo que buscábamos".
Ambos coincidieron en que ArteQuim constituye una experiencia que fortalece tanto el aprendizaje como la creatividad de las y los estudiantes. "Cada grupo presentó una propuesta completamente distinta y eso hace que uno ponga a prueba lo que aprendió durante el semestre desde otra perspectiva. Más que memorizar contenidos, esta actividad nos desafía a comunicarlos de forma creativa", destacó Nasim.
Finalmente, Loreto valoró el impacto que tiene esta metodología en la formación universitaria. "Es una experiencia muy entretenida porque rompe con la dinámica de una clase tradicional. Compartimos más con nuestros compañeros, comprendemos mejor los contenidos y también le permite al profesor ver cuánto aprendimos durante el semestre", concluyó.


Nota: Pamela Simonetti



