
Acumulación de experiencias de inseguridad es clave en el desarrollo de conductas violentas y de riesgo en niñez y adolescencia
Fenómeno fue destacado por el psicólogo clínico Javier Morán, académico e investigador de la Universidad de Valparaíso, a la luz del lapidario diagnóstico sobre la situación de derechos de los niños, niñas y adolescentes en Chile que acaba de presentar la Defensoría de la Niñez, informe en el que participó en calidad de experto.
Los entornos y procesos de socialización de niños, niñas y adolescentes no son los mismos que hace una década en Chile. Las relaciones que mantienen con sus familiares, amistades y la comunidad en general, o la manera en la que se comunican e interactúan con sus pares en la escuela, los espacios públicos o a través de aplicaciones tecnológicas, han cambiado de manera ostensible el modo y el medio en el que hoy se desenvuelven.
A lo anterior se suma la subsistencia de una serie de factores que afectan su desarrollo y salud mental, como una mayor exposición a situaciones de violencia, maltrato, abuso sexual y discriminación, o de pobreza, precariedad habitacional y falta de redes de apoyo. Y también, y cada vez más, a contextos de emergencia, crisis e inestabilidad social, e incluso a desastres naturales, lo que en definitiva pone en mayor riesgo su vida y bienestar integral.
En efecto, entre 2014 y 2025 se produjo un aumento en torno al 137 por ciento de los casos individuales de niños, niñas y adolescentes atendidos en hospitales por lesiones autoinfligidas, al tiempo que se observó que el 46 por ciento de quienes integran la población menor de 18 años de nuestro país admite que se sintió mal en algún momento por haber sufrido un ataque físico por parte de otro joven, mientras que el 15,1 por ciento confiesa ser víctima de ciberacoso. A ello se debe agregar que, en igual período, la sensación de falta de compañía, exclusión y de aislamiento entre ellos se más que duplicó, entre otros aspectos.
Así lo advierte el Diagnóstico sobre la Situación de Derechos de la Niñez y Adolescencia 2026 que acaba de presentar la Defensoría de la Niñez, informe en el que participó el psicólogo Javier Morán Kneer, académico de la Escuela de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso, quien integró el equipo de expertos que fue convocado por ese organismo gubernamental para participar en los talleres e instancias de análisis que hicieron posible la elaboración de la tercera versión consecutiva anual de ese documento.
Para el especialista de la UV, lo primero que salta a la vista al leer el informe es que los problemas que en la actualidad enfrentan los niños, niñas y adolescentes que viven en Chile —en todas sus regiones, aunque con matices— son consecuencia de un fenómeno amplio y asociado a la acumulación de diversas vulnerabilidades que se van superponiendo, el cual, por tanto, no está circunscrito únicamente al ámbito de la salud mental o de la violencia infantil.
“Desde el área en la que yo trabajo, la psicología clínica, esto es muy importante de entender, porque muchas veces tendemos a mirar este tipo de fenómenos como realidades individuales. Pero no es así. Más bien se trata de contextos cuya influencia es recíproca entre sí”, acotó.
Por lo anterior, Morán explicó que este primer aspecto muestra entonces que el gran problema o la gran explicación de esta realidad no está ni se da en un único nivel, sino que es de carácter estructural.
“Si uno se fija, el diagnóstico de la Defensoría de la Niñez revela cifras preocupantes sobre el aumento de problemas de salud mental en adolescentes. Habla, de hecho, del incremento de las hospitalizaciones. Pero cuando uno revisa esas hospitalizaciones, aparecen dos grandes temas: el control del impulso y las autolesiones. Todo esto más en la línea de la desregulación afectiva. Siendo así, uno podría pensar que la causa inmediata de ello es el contexto familiar donde se aprendió o no a regular afectos, pero lo que el informe muestra es que eso se da más cuando una familia está inmersa en territorios donde se combinan estrés económico, inseguridad, sobrecarga adulta, baja disponibilidad de servicios, violencia comunitaria y debilitamiento de espacios de cuidado. Ahí viven las familias de estos jóvenes que muestran estos enorme índices”, argumentó.
Acumulación y convergencia
Siguiendo esa línea, el doctor en Psicología e investigador del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (Midap) comentó que el informe muestra que además de sentirse o estar más tristes o más ansiosos, las y los adolescentes exhiben emociones o comportamientos asociados a desregulación emocional, impulsividad y conductas de riesgo.
Según Javier Morán, desde el punto de vista clínico, esto es muy importante, porque a veces estas formas de manifestación de la sintomatología no aparecen como algo verbalizado, sino a nivel de la conducta: surgen en los conflictos con otras personas, en la violencia que se establece entre pares, y se reflejan en autolesiones o en dificultades para regular las emociones en general.
“Esto es súper consistente con experiencias prolongadas de sentirse inseguro, de vivir estrés crónico y diferentes formas de vulneración. El mismo informe propone que fenómenos de este tipo tienden a concentrarse en contextos donde hay un mayor debilitamiento de las redes de protección familiares o comunitarias, o donde hay mayor experiencia de aislamiento y —algo que me llamó mucho la atención— la exposición a crisis sociales, emergencias o desastres naturales. En Valparaíso, en particular, sabemos lo que esto implica, dado que en el pasado reciente enfrentamos incendios forestales que resultaron devastadores para muchas familias. Lo preocupante entonces no es tanto la ocurrencia de una vulnerabilidad puntual, sino la acumulación y convergencia de varias experiencias de inseguridad al mismo tiempo: pobreza, violencia, precariedad habitacional, redes de apoyo frágiles, presencia de desastres naturales e inestabilidad social”, aseguró el docente de la Escuela de Psicología de la UV.
Efectos del trauma
Morán ahondó en este último punto, tomando como ejemplo el dato del aumento de niños, niñas y adolescentes en situación de calle que señala el diagnóstico de la Defensoría, en parte debido al hecho de que sus hogares fueron afectados por un desastre natural, como un incendio forestal o una inundación.
“Valparaíso ha vivido recurrentemente emergencias de gran impacto. No quiero decir que este tipo de emergencias sea lo único a considerar, pero hay factores particulares que además generan mayor vulnerabilidad de la conocida en otras regiones que tienen otras explicaciones adicionales para diversos fenómenos propios de la niñez y la adolescencia. Como evidencia asociada al estudio del trauma, sabemos que las catástrofes no generan solamente daño material. Eso es de sumo importante, porque cuando un niño pierde su casa, cuando le cambia el entorno donde vive, por causa del hacinamiento o separación de su familia, queda expuesto a experimentar extensas jornadas de inseguridad. Eso afecta su sensación de estabilidad y de sentirse protegido, lo que sin duda tiene un gran impacto en su salud mental y bienestar”, expuso el psicólogo.
En ese sentido, el académico e investigador reiteró que cuando ese tipo de experiencias traumáticas además se acumulan y se suman a otras vulnerabilidades previas, entonces el impacto sobre el desarrollo emocional claramente es mayor.
Al respecto, sostuvo que este escenario da pie a una pregunta de fondo que la psicología y la psicopatología viene estudiando e intenta responder desde hace muchos años: ¿qué ocurre con los niños, niñas y adolescentes que crecen en contextos donde predominantemente su experiencia no es la seguridad, sino que la incertidumbre constante, la amenaza, la falta de espacios físicos y simbólicos que los protejan?
En opinión de Javier Morán, parte importante de la realidad que vive la población infantil y adolescente de Chile, a nivel de la salud mental, tiene que ver con eso.
“Se han dado diversas condiciones que principalmente promueven esto. Y para quienes trabajamos en esta área, hasta cierto punto los antecedentes que da a conocer el último informe de la Defensoría de la Niñez no nos sorprenden, porque desde hace muchos años sabemos que la acumulación de factores de este tipo vinculados al trauma dan cuenta de que en algún momento la sintomatología que está siendo medida va a aparecer, como efecto potente de la traumatización y de la acumulación de vulnerabilidades a la que de manera cada vez más normativa, desafortunadamente, están siendo expuestos los niños, niñas y adolescentes en nuestro país”, concluyó el profesor de la Escuela de Psicología y de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso.

En la fotografía, Javier Morán.
Nota: Gonzalo Battocchio




