Arquitecto y académico UV, Rogelio Arancibia, diseñó el recientemente inaugurado edificio de la PDI en Viña del Mar
Con una experiencia de más de 35 años y titulado en 1989, el arquitecto Rogelio Arancibia, académico y alumni UV, es el alma y la mente creativa detrás de diversas obras construidas a nivel nacional. Su proyecto más reciente, el edificio institucional de la Policía de Investigaciones (PDI) ubicado en Dos Norte con calle Quillota, en Viña del Mar, fue inaugurado hace pocos días.
Se trata de una construcción de seis mil 680 metros cuadrados, para acoger a una dotación de 200 personas, con una inversión de nueve mil 600 millones de pesos. Con una tecnología sismorresistente, la obra se ubica a la vanguardia de este tipo de edificios en Chile.
Así lo explica Arancibia: “En cuanto al orden urbano, reconoce el damero o plano español que hay en Viña del Mar. La corona superior del edificio se asoma al estero. En el ámbito arquitectónico, incorpora un zócalo, recogiendo la memoria colectiva y acervo cultural de los edificios históricos de la ciudad como el Palacio Vergara o el Teatro Municipal”.
“En el orden funcional, cuenta con una zona privada y de resguardo para los policías, junto a un espacio destinado a la atención de público. Como estrategia de desempeño energético eficiente y confort climático, cuenta con una envolvente térmica que permite ahorrar energía, tanto en verano como en invierno”, destaca.
El edificio fue llamado a concurso público en 2013, al cual se presentaron varias oficinas de arquitectura con ofertas de diseño, siendo adjudicada finalmente a Arqiar, firma de la cual Arancibia es dueño y director ejecutivo.
Arquitectura de calidad
En 2017 Arqiar fue escogida como Marca Sectorial de la Arquitectura Chilena Exportable por la calidad de sus proyectos. Algunas de las obras que actualmente se encuentran desarrollando son un segundo edificio para la PDI Metropolitana Oriente de Ñuñoa, un colegio bicentenario en La Calera, un parque en Peñalolén y una serie de edificios para la Autopista Américo Vespucio Oriente, entre otras.
Al respecto cuenta que "el noventa por ciento de nuestros proyectos se han construido; sabemos lo que cuesta la inversión pública, por eso pensamos que este edificio debe durar entre treinta a cincuenta años antes de revisarlo. Es un proyecto que nace de un concurso ganado, que forma parte de una idea al interior de la oficina, por lo que resulta muy satisfactorio que la arquitectura pública que hacemos sea de calidad”.
“Desarrollamos proyectos de mediana y gran envergadura, hemos diseñado muchos Cesfam y centros culturales, así como también el recién inaugurado Hospital de San Antonio, que también fue parte de un concurso público. En general es un trabajo muy intenso, que demanda mucha dedicación, hay que tener todo muy ordenado, para generar experiencia y metodología. Actualmente usamos Building Information Modeling (BIM), un modelo de trabajo que permite coordinar la arquitectura con todas las otras especialidades, por lo que estamos muy contentos de realizar proyectos interesantes”, asegura.
El sueño del oficio realizado
Es profesor titular de la cátedra de taller Obra-Materialidad- Lugar y guía de proyectos de título. "Es un nivel de exigencia muy alto con una aproximación real al ejercicio profesional del oficio de arquitecto, en términos del dominio de los materiales, de la estructura y de cómo una idea arquitectónica puede llegar a ser una obra construida”, explica.
“He llevado el ejercicio de la profesión en estas dos fases, con mi oficina y como docente, porque siempre quise devolver a la Universidad lo que me entregó. Fui un estudiante destacado, luego ayudante de Expresión Espacial, de taller, profesor adjunto y finalmente me designaron profesor titular de veintidós horas. Ha sido una linda experiencia, no quise dejar la docencia, porque es enriquecedor”, señala.
"Estudié con crédito universitario y con todos los beneficios de ser un buen alumno. Saqué adelante la carrera. Aunque siempre quise tener mi propia oficina, estuve muy tentado de dedicarme solo a la academia, pero creo que un profesor debe tener esa componente del ejercicio libre de la profesión para entregar en la docencia aquellos elementos que la teoría no entrega”, indica.
A las nuevas generaciones les aconseja "no abandonar sus sueños. Deben procurar ser arquitectos, lo cual implica un compromiso, dedicación y responsabilidad plena con el oficio, porque estamos interviniendo en la toma de decisiones económicas, sociales, políticas, culturales, dejando nuestra impronta y huella al ser consecuentes con lo que hacemos”.
“Mi consejo es hacer bien las cosas, comprometerse con el proyecto, hasta que sea construido, aunque no es tan simple como se ve. Lo otro es nunca dejar de estudiar, siempre les digo a mis alumnos de cursos superiores que pasan de ser estudiantes a estudiosos de la arquitectura: deben seguir preparándose, porque es la única forma de lograr el sueño del oficio realizado”, comenta.



Nota: Rodrigo Catalán / Fotos: Matías Salazar