
Profesor UV analiza las posibilidades de Valparaíso como sede del BBNJ
Ernesto Gómez, de GTC, desarrolla el tema en artículo de opinión “Valparaíso como sede de la Secretaría del Acuerdo Tratado de Alta Mar Biodiversity Beyond National Jurisdiction, BBNJ”.
“Valparaíso no postula al BBNJ solo por mirar al océano; postula porque su historia fue construida por el océano y porque hoy puede transformar esa memoria marítima en liderazgo mundial para la conservación del medio ambiente marino en la alta mar”, explica Ernesto Gómez, director del Centro Estudios Oceánicos y coordinador del Centro Náutico de la Escuela Gestión en Turismo y Cultura de la Universidad de Valparaíso.
En su artículo de opinión “Valparaíso como sede de la Secretaría del Acuerdo Tratado de Alta Mar Biodiversity Beyond National Jurisdiction, BBNJ”, el académico señala que “Valparaíso debe ser sede del BBNJ porque es la ciudad latinoamericana que mejor representa la transición histórica desde el océano como ruta de comercio global hacia el océano como espacio de gobernanza, conservación y responsabilidad común”.
A continuación, el texto completo:
El BBNJ —Tratado de Alta Mar— regula la conservación y uso sostenible de la biodiversidad marina en zonas fuera de la jurisdicción nacional. Fue adoptado en 2023 y entró en vigor el 17 de enero de 2026; por eso su Secretaría no es una oficina cualquiera, sino el órgano llamado a organizar una nueva etapa de gobernanza oceánica mundial.
Valparaíso fue una puerta temprana de Chile al mundo marítimo
La historia marítima republicana chilena tiene uno de sus primeros hitos en 1811, cuando la Primera Junta abrió al libre comercio los puertos de Coquimbo, Valparaíso, Talcahuano y Valdivia; Directemar lo reconoce como la primera resolución soberana de índole marítima del país.
Eso permite sostener que Valparaíso no es solo “un puerto importante”: es uno de los lugares donde Chile comenzó a construir su relación institucional moderna con el mar, el comercio internacional y la navegación.
Fue el gran puerto global del Pacífico Sur en el Siglo XIX
La Unesco e Icomos entregan el argumento histórico más fuerte: Valparaíso fue inscrito como Patrimonio Mundial porque constituye un testimonio excepcional de la primera globalización de fines del siglo XIX, cuando llegó a ser el principal puerto mercante de las rutas marítimas de la costa pacífica de Sudamérica.
Esa frase es clave para el BBNJ. La Secretaría del Tratado de Alta Mar debería ubicarse en una ciudad que históricamente haya estado conectada con rutas oceánicas internacionales, intercambio entre continentes y circulación de bienes, personas, saberes y culturas. Valparaíso cumple ese criterio de manera directa.
Su patrimonio urbano es inseparable del patrimonio naval y portuario
La Unesco señala que el valor universal excepcional de Valparaíso incluye su trazado urbano, espacios públicos, edificios, infraestructura de transporte y, especialmente, su patrimonio portuario y naval, ejemplificado por el Muelle Prat, edificios de Aduana y servicios navales.
Esto permite argumentar que Valparaíso no ofrece solo oficinas para una Secretaría: ofrece un paisaje histórico oceánico vivo, donde ciudad, puerto, cerros, bahía, instituciones marítimas y memoria social forman una unidad cultural reconocida internacionalmente.
Tiene continuidad histórica en gobernanza marítima
La Armada de Chile señala que hasta 1817 los gobernadores de Valparaíso ejercían control directo sobre asuntos navales por delegación del ministro de Marina; luego, entre 1817 y 1897, el cargo de comandante general de Marina fue normalmente ejercido por el gobernador o intendente de Valparaíso.
Ese antecedente permite afirmar que Valparaíso no solo fue puerto comercial: también fue un centro temprano de administración marítima, defensa naval y organización institucional del Estado chileno frente al océano.
Reúne historia, ciencia y conocimiento oceánico
El Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada —SHOA— tiene una trayectoria iniciada en 1874 y ha sido clave para la hidrografía, cartografía, seguridad de la navegación, investigación oceanográfica y protección del medio marino. Además, el SHOA se ubica en Playa Ancha, Valparaíso, donde mantiene su presencia institucional histórica.
La relevancia de este antecedente para el BBNJ es estratégica. La gobernanza de la biodiversidad en alta mar exige ciencia, datos, monitoreo, sistemas de información, evaluación ambiental, tecnología marina y cooperación entre instituciones.
Uno de los campos más relevantes del BBNJ es la creación de capacidades y la transferencia de tecnología marina. Desde la perspectiva de la Política Oceánica Nacional, esto calza con el eje de desarrollo científico y con la necesidad de generar conocimiento robusto para decisiones públicas y privadas. La sede en Valparaíso permitiría organizar programas de capacitación, escuelas de verano, redes de datos oceánicos, cooperación Sur-Sur, asistencia técnica a Estados insulares y fortalecimiento de universidades regionales.
Para que este argumento sea creíble, la candidatura debe articular un ecosistema científico visible: Universidades, SHOA, Armada, Ministerio de Ciencia, centros de investigación marina, laboratorios, programas de formación, redes con IOC-Unesco, FAO, OMI, ISA, organizaciones regionales de pesca y comunidades costeras. La Secretaría no puede operar de espaldas al territorio; debe ser catalizadora de capacidades.
Región oceánica e insular: Valparaíso como puerta al Pacífico
La Región de Valparaíso no es solo continental. La Biblioteca del Congreso Nacional registra que su superficie insular incluye Isla de Pascua/Rapa Nui, Salas y Gómez, San Félix y San Ambrosio, y el Archipiélago Juan Fernández, compuesto por las islas Alejandro Selkirk, Robinson Crusoe y Santa Clara.
Este dato ofrece un argumento de escala oceánica. Valparaíso conecta el Chile continental con territorios insulares del Pacífico Sur, ecosistemas remotos, rutas oceánicas y áreas de alta relevancia para conservación marina. La candidatura puede sostener que la sede del BBNJ en Valparaíso permitiría pensar la alta mar desde una región que mira hacia el Pacífico, incorpora patrimonio insular y está próxima a debates globales sobre biodiversidad, conectividad ecológica, áreas marinas protegidas, cambio climático, pueblos insulares y economía oceánica sostenible. Es decir, no solo pensarlo desde las capitales diplomáticas tradicionales del hemisferio norte.
La candidatura corrige una asimetría histórica del multilateralismo
Chile presentó formalmente ante Naciones Unidas la propuesta para que Valparaíso sea sede de la Secretaría del Acuerdo BBNJ el 28 de noviembre de 2025. Cancillería destacó que instalarla allí convertiría a Valparaíso en la primera sede central de una organización de Naciones Unidas en América Latina.
La candidatura de Valparaíso tiene una dimensión geopolítica mayor. En la historia del multilateralismo, muchas sedes de organismos internacionales se han concentrado en Europa y Norteamérica. La Biblioteca del Congreso Nacional, en una minuta sobre Valparaíso como sede del BBNJ, sostiene que instalar la Secretaría en Valparaíso contribuiría a una mayor equidad geográfica y representatividad en la toma de decisiones globales, además de constituir un hito significativo para América del Sur.
Cancillería también ha señalado que la instalación de la Secretaría en Valparaíso sería la primera sede central de una organización de Naciones Unidas en América Latina. Esa frase debe ser usada con cuidado y fuerza: no es un dato protocolar, sino un argumento de democratización de la gobernanza global. La alta mar es un bien común planetario; por tanto, su institucionalidad no debería estar determinada únicamente por la geografía tradicional del poder diplomático.
La candidatura chilena puede presentarse como una propuesta de equilibrio: no desplaza a otros centros, sino que amplía el mapa de la gobernanza oceánica. Valparaíso aportaría una sede en el Pacífico Sur, próxima a Estados latinoamericanos, insulares y antárticos, en una ciudad con simbolismo portuario y con capacidad de dialogar con el Sur Global desde una posición constructiva, científica y multilateral.
Este argumento es especialmente importante frente a otras candidaturas con alta capacidad logística y diplomática. La pregunta no será solo qué ciudad puede alojar mejor una Secretaría, sino qué ciudad expresa mejor el sentido histórico del BBNJ: cooperación, equidad, conservación, ciencia, beneficios compartidos y participación de países en desarrollo. Valparaíso debe responder que su valor reside precisamente en representar una gobernanza oceánica más distribuida, inclusiva y conectada con regiones históricamente subrepresentadas.
El BBNJ trata sobre bienes comunes globales, por lo que su institucionalidad no debería concentrarse solo en los centros diplomáticos tradicionales. Valparaíso representa una oportunidad de instalar gobernanza oceánica mundial desde el Sur Global, desde el Pacífico y desde una ciudad portuaria patrimonial.
Chile tiene coherencia jurídica y diplomática oceánica
Chile fue el primer país de América y el segundo del mundo en depositar el instrumento de ratificación del Acuerdo BBNJ, lo que refuerza su liderazgo temprano en la implementación del tratado. Además, Chile declaró ante Naciones Unidas que el BBNJ debe interpretarse en coherencia con la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y con otros instrumentos internacionales, incluyendo regímenes como el Tratado Antártico, la OMI, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos y la Organización Regional de Ordenamiento Pesquero del Pacífico Sur.
Chile cuenta con una política oceánica nacional
La Política Oceánica Nacional de Chile entrega el marco de política pública más importante para sustentar la candidatura de Valparaíso. Fue aprobada mediante Decreto Supremo N.º 74 de 2018 del Ministerio de Relaciones Exteriores. En sus considerandos se reconoce expresamente que Chile es un país oceánico que posee una proyección y una relación histórica de sus ciudadanos con el océano; que el Estado ha asumido compromisos contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada; y que se encuentra comprometido con la protección, conservación y uso sostenible de la biodiversidad marina, reconociendo además el papel del océano frente al cambio climático.
Estos elementos coinciden de manera directa con el BBNJ. El tratado busca conservar y usar sosteniblemente la biodiversidad marina en zonas fuera de jurisdicción nacional; la política chilena declara la conservación y el uso sostenible del mar como prioridad nacional; y la candidatura de Valparaíso traduce ese compromiso en una oferta institucional internacional.
La candidatura como territorialización de la política oceánica
Toda política pública necesita instrumentos, territorios, instituciones y símbolos para convertirse en realidad. La sede BBNJ en Valparaíso puede ser entendida como una forma de territorializar la Política Oceánica Nacional: llevar al territorio una visión de Estado sobre el océano y proyectarla hacia el sistema multilateral.
Este punto es clave: la candidatura no debe ser presentada como un premio para Valparaíso, sino como una infraestructura de implementación de la política oceánica chilena. Instalar una Secretaría de alta mar en una ciudad portuaria patrimonial, universitaria y conectada al Pacífico Sur convertiría la política oceánica en un hecho institucional visible, permanente y global.
Ciudad de gobernanza marítima
La candidatura de Valparaíso, entonces, no es un gesto aislado: se inserta en una línea histórica de política exterior marítima, derecho del mar, conservación, ciencia oceánica y multilateralismo.
La fortaleza de la postulación no reside en una sola dimensión. Su potencia aparece cuando se articulan historia portuaria, política pública oceánica, capacidad científica, diplomacia multilateral, patrimonio cultural y visión de futuro. Valparaíso no debe ser presentado únicamente como ciudad patrimonial ni solo como puerto: debe ser presentado como ciudad de gobernanza oceánica, región vinculada a territorios insulares oceánicos y símbolo de una gobernanza marítima que hoy debe pasar del comercio y la navegación hacia la conservación de la biodiversidad marina global”.

Fotografía de Valparaíso: Denis Isla




