
Cómo la paternidad tardía, la exposición al trauma y otros factores ambientales inciden en el desarrollo de patologías y trastornos mentales
Los aportes de la ciencia del neurodesarrollo a la clínica de precisión fueron analizados durante la XXXVI Jornada de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la UV, encuentro que reunió a más de un centenar de profesionales, investigadores, docentes y estudiantes.
¿Hasta qué punto la manera en que se desarrolla el sistema nervioso central incide en el surgimiento de determinadas patologías psiquiátricas? ¿Cuál es la relevancia del ambiente en los trastornos mentales? ¿Qué riesgos y beneficios deparan los nuevos tratamientos farmacológicos basados en el uso de antidepresivos y antipsicóticos? ¿Y cuáles son los aportes de los modelos psicoterapéuticos de precisión?
Sobre estas cuatro interrogantes giraron las presentaciones e instancias de reflexión que consideró la Trigésimo Sexta Jornada de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso, encuentro que se realizó en el auditorio de la sede Hontaneda y que reunió a más de un centenar de profesionales de la salud mental, investigadores, docentes y estudiantes.
Entre los expositores que este año intervinieron en esta actividad figuró la doctora Cintia Prokopez, directora del programa de especialización en Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y jefa del Servicio de Emergencia del Hospital Braulio Moyano, centro asistencial de esa ciudad dedicado exclusivamente a la atención neuropsiquiátrica de mujeres.
Su presencia en esta versión fue valorada de manera especial por el director del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la UV y coordinador general de la jornada, Ulises Ríos, quien destacó y agradeció su participación durante las palabras de bienvenida que pronunció.
“Con la visita de la doctora Prokopez abrimos este formato a especialistas extranjeros. Esta decisión tiene que ver, en parte, con nuestro deseo de avanzar en el establecimiento de vínculos de colaboración internacionales. En este caso, con la Facultad de Medicina UBA. Se trata así de un paso inicial, exploratorio digamos, con miras a definir un tipo de alianza que permita que nuestros residentes realicen pasantías electivas en esa institución de la capital argentina y que los residentes de esta también puedan venir y se incorporen a nuestro departamento, con igual propósito”, comentó el académico de la UV.
Ríos también relevó el protagonismo que a nivel regional y nacional ha ido adquiriendo esta jornada, a la que año atrás año acuden renombrados especialistas.
Genética y ambiente
El programa de la versión 2026 de la Jornada de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso se estructuró en bloques horarios de mañana y tarde, cada uno de los cuales estuvo conformado, a su vez, por dos módulos temáticos. Entre ellos hubo un simposio satélite sobre patología anímica.
El bloque matutino inició con un módulo que apuntó a dilucidar cómo se desarrolla el sistema nervioso central y cuáles son los aspectos clave de su evolución que permiten entender por qué algunas personas son más propensas que otras a padecer patologías psiquiátricas.
En él intervinieron el médico psiquiatra e investigador de la UV Marcelo Arancibia, quien habló de la relación entre genética y desarrollo cerebral, como eje de la vulnerabilidad biológica asociada el surgimiento de algunos de los trastornos mentales más comunes, y la tecnóloga médica Marcia Manterola, doctora en Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, quien a su vez abordó la tríada epigenética-herencia-neurodesarrollo con la finalidad de entender de qué manera la plasticidad neuronal eleva o disminuye el riesgo psiquiátrico.
En el segundo módulo, en tanto, expuso en primer término la psiquiatra argentina Cintia Prokopez, quien presentó una ponencia sobre el peso del trauma infantil en la clínica de la esquizofrenia. Luego de ella correspondió el turno de intervenir a la psiquiatra Vanessa Acuña, jefa de la Unidad de Trastornos Psicóticos del Hospital del Salvador de Valparaíso y docente del Departamento de Psiquiatría de la UV, cuya presentación versó sobre la necesidad de avanzar hacia una atención más equitativa integral y sensible al género en mujeres con esquizofrenia.
Alternativas terapéuticas
La jornada continuó con el simposio que dictó el académico, fundador y director médico de la plataforma Instituto de Psicofarmacología Aplicada (IPSA), Rodrigo Correa.
Más tarte, y como parte del primer módulo vespertino, expusieron los psiquiatras y referentes nacionales en trastornos del ánimo, Paul Vöhringer, académico de la Universidad de Chile, y Alberto Aedo, presidente de la Sociedad Chilena de Trastornos Bipolares. Ambos analizaron y debatieron sobre actualizaciones y controversias asociadas a los antidepresivos y las alternativas terapéuticas en pacientes con ese tipo de enfermedades.
Finalmente, en el módulo de cierre del segundo bloque, hicieron uso de la palabra el psiquiatra y doctor en Psicoterapia Yamil Quevedo y el psicólogo y doctor en Psicología Javier Morán, académico de la Escuela de Psicología de la UV, ambos investigadores del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (Midap), quienes —desde el punto de vista clínico— analizaron la opción de avanzar en modelos psicoterapéuticos de precisión, considerando diversos supuestos teóricos, técnicas e indicaciones personalizadas en salud mental. Quevedo se centró en la psicoterapia basada en procesos, mientras que Morán lo hizo considerando el modelo de Terapia Basada en la Mentalización aplicado en adolescentes con depresión.
Psiquiatría de precisión
Una de las intervenciones que motivó más reflexiones y análisis durante la cita fue la de la doctora Marcia Manterola, cuyas líneas de investigación se centran en los mecanismos genómicos y epigenómicos de las células germinales durante la gametogénesis y, además, en la dinámica de la herencia no genética, como factores de línea germinal y fenotipos complejos en la descendencia.
Dos alusiones marcaron su exposición. La primera: cómo la edad paterna tardía —incluso más que la materna— puede llegar a generar mutaciones de novo (cuando aparece por primera vez en un individuo de una familia, sin haber estado presente antes en ninguna célula de sus padres), epimutaciones (cambios en la estructura química del ADN que no alteran su secuencia de codificación) y riesgo de desórdenes en el neurodesarrollo o de trastornos neuropsiquiátricos en los hijos y generaciones sucesivas, en particular esquizofrenia y autismo.
“Al igual que las mujeres, los hombres están posponiendo cada vez más su opción de tener hijos, fenómeno que ya se observa en Chile, cuya población presenta más encima problemas metabólicos, lo que implica que enfrentamos una tormenta perfecta. Esto significa que está aumentando el riesgo de la descendencia de desarrollar desórdenes de ese tipo; algo que es muy importante, porque se relaciona con una posible herencia del trauma”, explicó la investigadora.
La segunda de sus alusiones que llamó la atención derivó precisamente de esta observación vinculada al desarrollo prenatal: el hecho de que en la infancia se abre otra ventana de riesgo crítico relacionada con la etiología de distintos tipos de estrés, abuso físico, abuso sexual, abuso emocional o negligencia, que no es menor en la sociedad actual y que deviene cambios epigenéticos significativos capaces de generar vulnerabilidades y alteraciones a nivel neuronal en los adolescentes.
“Esto nos muestra que la epigenética sobre la base de la genética y del ambiente, entre otras cosas, tiene un impacto directo en la expresión del fenotipo de los pacientes que atienden los profesionales de la salud. Por tanto, si ya conocemos todos los genes y las posiciones donde están ocurriendo estos cambios epigenéticos, ¿podríamos quizás empezar a abrirnos a una psiquiatría de precisión, en la que el diagnóstico no esté basado quizás en la conducta o lo que dice el paciente, sino en marcadores mucho más precisos y sobre todo epigenéticos, en donde distintos eventos ambientales pueden cambiar esa marca? También pregunto, ¿el fármaco que se les da a estos pacientes no respondería mejor si también se produce un cambio a nivel de ambiente mediado por ejercicio y alimentación? Porque todo esto tiene una base científica, vale la pena fijarse en las consecuencias de la dieta y la desregulación de las bacterias a nivel intestinal. Alimentos de cadena corta, de ácidos saturados, inducen cambios en la microbiota, lo que se ha visto que tiene una tremenda influencia en el riesgo de desarrollar desórdenes bipolares, esquizofrenia y psicosis, ansiedad y depresión”, sostuvo Marcia Manterola.
Clínica de la esquizofrenia
Otra de las presentaciones que motivó potentes reflexiones y discusiones fue la que expuso la doctora Cintia Prokopez. La directora del programa de especialización en Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y jefa del Servicio de Emergencia del Hospital Braulio Moyano, abordó el peso del trauma infantil en la clínica de la esquizofrenia.
Pese a ser una patología cuya prevalencia se mantiene estable en torno al uno por ciento de la población, el principal desafío que hoy enfrenta el mundo médico en torno a ella es el diagnóstico tardío.
Al respecto, la psiquiatra argentina sostuvo que este tema es relevante en la medida de que la esquizofrenia inicialmente, cuando surgió como concepto, tuvo su foco en lo biológico, desde el neurodesarrollo primero y luego desde la genética. Esa postura, aseguró, ha cambiado en las últimas décadas, cuando se empezó a hablar del efecto en ella de la interacción gen-ambiente.
“Hoy se asume que actúan otros factores, más allá del riesgo o la predisposición genética. En la esquizofrenia surgen también otros elementos que son ambientales, como las adversidades infantiles, el consumo de cannabis, entre muchísimos más, y cómo estos propician o no el desarrollo de este trastorno psiquiátrico”, acotó.
En cuanto a lo expresado previamente por la académica e investigadora de la Universidad de Chile, sobre el efecto que podría tener en la clínica de la esquizofrenia la opción de adoptar el enfoque de una psiquiatría de precisión, Cintia Prokopez planteó que su mirada está más dirigida hacia lo que es la prevención primaria, tanto como la secundaria y la terciaria, en lo que respecta justamente al peso del trauma infantil en la esquizofrenia.
“Idealmente, lo mejor sería poder detectar poblaciones en riesgo, en riesgo de eventos traumáticos infantiles. Y la educación debiera partir en los colegios, con las familias, para evitar que esos eventos ocurran. Pero sabemos que esto es muy difícil, la realidad es esa, y ahí es cuando aparece el rol de la prevención secundaria: una vez que hubo un evento traumático infantil se debe determinar cómo actuar para minimizar ese impacto, para tratar de ayudar a ese individuo que está pasando por esa situación. Y después, bueno, la prevención terciaria, que es la que —por ejemplo— me dedico como psiquiatra de adultos que trabaja en un hospital neuropsiquiátrico de mujeres. Allí, muchas veces me encuentro ante pacientes que en su infancia vivieron situaciones traumáticas o enfrentaron adversidades, y que recién ahora, de manera un tanto tardía, reciben atención”, argumentó.
La doctora Prokopez agregó al respecto que los eventos traumáticos infantiles impactan de manera diferente que los eventos traumáticos que se dan en la adultez. “Esto tiene que ver justamente con el neurodesarrollo, con la plasticidad cerebral. Entonces el hecho de poder hacer intervenciones tempranas en quienes ya padecieron eventos traumáticos en la infancia, pero que aún están en la niñez o en la adolescencia, hace justamente que sea más plausible, digamos, la eficacia de la intervención”, concluyó la directora del programa de especialización en Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la UBA y jefa del Servicio de Emergencia del Hospital Braulio Moyano de Buenos Aires.
Las presentaciones completas de la Trigésimo Sexta Jornada de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso están disponibles en este en enlace.





Nota: Gonzalo Battocchio / Fotos: Matías Salazar




