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Pamela Pensini, académica de la Universidad de Monash: “La conexión temprana con la naturaleza motiva comportamientos positivos hacia ella”

13 marzo 2026

La investigadora australiana, especialista en psicología ambiental y social, visitó la Facultad de Ciencias Sociales de la UV, plantel en el que dictó una conferencia sobre la manera en que las personas actúan frente a problemas ambientales. A la actividad asistieron docentes y estudiantes de las carreras de Psicología, Sociología y Trabajo Social.

¿Por qué algunas personas se preocupan de proteger y conservar los entonos naturales mientras que otras no? ¿Por qué el conocimiento sobre la existencia de problemas medioambientales solo a veces conduce a la acción para resolverlos? ¿Cómo los contextos sociales y culturales influyen en ese tipo de decisiones?
 
A estas y otras preguntas buscó responder la doctora Pamela Pensini, académica e investigadora de la Universidad de Monash en Melbourne, Australia, durante el desarrollo de la conferencia “Comprendiendo y cambiando el comportamiento humano para la sostenibilidad”, que dictó a estudiantes y docentes de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso.
 
La especialista en psicología ambiental y social visitó este plantel invitada por Héctor Berroeta, profesor de la Escuela de Psicología, en su calidad de integrante del equipo interdisciplinario de investigadores de un proyecto Fondecyt-ANID sobre componentes de conservación de suelos que ejecuta la Universidad de Tarapacá.
 
En la ocasión, la doctora Pensini fue presentada por el ingeniero agrónomo y académico Alexander Neaman, quien también es parte de ese proyecto, y contó con el apoyo del profesor Carlos Clavijo, docente de la Escuela de Psicología UV y graduado del Doctorado en Psicología de la Universidad de Monash, quien se hizo cargo de traducir su exposición.

Relación con la naturaleza

El trabajo académico de Pamela Pensini se centra en entender el interés por la naturaleza que poseen algunas personas para promover la sostenibilidad medioambiental, motivación que —según confesó— en su caso surgió al recorrer y observar el entorno de Mareeba, pequeña localidad ubicada en el extremo norte del estado australiano de Queensland, marcada por un clima tropical seco y una rica herencia agrícola, en la cual nació y vivió durante su infancia.
 
Sus estudios y principales líneas de investigación apuntan precisamente a lograr entender este comportamiento humano, además del impacto que tiene la exposición a la naturaleza en la niñez y en los adultos: cómo el contacto con el entorno natural afecta el bienestar mental, cómo la "antropomorfización" de la naturaleza influye en el apoyo a políticas proambientales y hasta qué punto las emociones y ciertos factores psicológicos, como la culpa colectiva o la educación prosocial, impulsan a las personas a actuar de manera más o menos ecológica.
 
Asimismo, sus investigaciones buscan evaluar y medir los efectos de las denominadas creencias de suma cero (o percepción de que la ganancia de una persona implica necesariamente una pérdida para otra) y la idea de que el progreso humano ocurre necesariamente a expensas de la naturaleza o viceversa.
 
“La psicología ambiental se orienta al estudio de la relación entre los seres humanos y su entorno. A cómo los entornos construidos y los naturales influyen en nuestros pensamientos, emociones y conductas y, también, cómo el comportamiento humano afecta al medioambiente. La psicología ambiental se nutre de la psicología cognitiva, evolutiva y social, y de disciplinas como la antropología, la biología, la ecología y la sociología, además de campos como educación, salud pública, trabajo social y planificación urbana, lo que le confiere una interesante, amplia y positiva dimensión como campo de estudio”, aseguró la especialista de la Universidad de Monash.

Barreras que frenan la acción

Uno de los aspectos que la doctora Pensini enfatizó durante su conferencia fue que el conocimiento sobre los problemas ambientales no siempre se traduce en acciones destinadas a resolverlos. Al respecto, sostuvo que apenas el seis por ciento de las personas se ven motivadas a modificar su conducta ambiental tras enterarse de alguna situación que afecte a su entorno. En ese sentido, explicó que las personas a menudo saben lo que ayuda al medioambiente, y si no lo saben, pueden aprenderlo.
 
“Sin embargo, escasamente son capaces de actuar. No se trata de ignorancia o pereza, sino del efecto de barreras estructurales, sociales y psicológicas”, acotó.
 
Las barreras estructurales las definió como restricciones externas, que existen fuera del individuo y que hacen que la conducta ambiental sea poco práctica o costosa, y que tienen el efecto de impedir que las personas actúen aun cuando quieran hacerlo, al verse limitadas por elementos de carácter financiero e institucionales, entre otros. Por ejemplo, elevados costos financieros de prácticas de conservación, subsidios o regulaciones de mercado que priorizan la productividad a corto plazo, presiones de tiempo o trabajo y prácticas ambientales, pueden percibirse como riesgosas en determinados contextos.
 
En cuanto a las barreras sociales, la doctora Pensini sostuvo que corresponden a influencias interpersonales y culturales sobre el comportamiento, que surgen del contexto social y las normas de grupo y son percibidas como aceptables o no. Entre ellas mencionó las tradiciones, la desconfianza hacia autoridades, científicos o responsables políticos, algunas dinámicas de poder y jerarquías sociales y problemas de acción colectiva.
 
Y en lo relativo a las barreras psicológicas, la académica e investigadora de la Universidad de Monash precisó que responden a procesos internos que influyen en la percepción, la motivación y la toma de decisiones. Entre estos elementos mencionó el sesgo hacia el statu quo y ciertos hábitos, costos que en lo inmediato pueden pesar más que los beneficios futuros, sentir que no se puede hacer nada o que la acción individual no hará la diferencia, creer que los problemas detectados no tendrán una afectación personal, respuestas emocionales como la culpa, el miedo o la impotencia que pueden llevar a la desconexión y amenazas a la identidad, en cuanto prácticas que pueden entrar en conflicto con la autoimagen.
 
“Saber lo que es correcto no garantiza la motivación ni la acción. Por eso, estas barreras pueden superarse promoviendo la conexión con la naturaleza y reduciendo las creencias de suma cero sobre la relación naturaleza-humanidad”, aseguró.

Factores de conexión

Con base en la evidencia obtenida en sus múltiples investigaciones, Pamela Pensini comentó que superar las barreras mencionadas con miras a establecer una conexión efectiva con la naturaleza es factible cuando las personas se exponen a ella, es decir, cuando salen y se familiarizan con su entorno, aprenden a conocerlo, y reciben una adecuada educación ambiental a edades tempranas.
 
“La conexión temprana con la naturaleza motiva comportamientos positivos hacia ella. Generarla en la niñez es ideal, porque en esa etapa las creencias aún se están desarrollando”, argumentó la académica australiana.
 
Junto con ello, señaló que aquellas personas que poseen personalidades en el rango de la Honestidad-Humildad, como la justicia, la sinceridad y la ausencia de codicia, tienen más opciones de establecer una adecuada conexión en pro de la naturaleza.
 
La doctora Pasini concluyó su conferencia planteando las siguiente ideas clave: que la protección ambiental es un desafío conductual; que el conocimiento por sí solo no impulsa la conservación; que es necesario abordar las barreras estructurales, sociales y psicológicas; que para superar esas barreras se debe promover la conexión con la naturaleza, y que para ello es imprescindible reducir las creencias de suma cero y enfocarse en determinados sistemas, además de en los individuos.
 
 
 

Nota: Gonzalo Battocchio / Fotos: Denis Isla