Con “Las brutas” de Juan Radrigán comienza proyecto de Teatros Universitarios 2026 en la UV
A toda máquina se realizan los ensayos de la obra “Las brutas”, del dramaturgo nacional Juan Radrigán, que será dirigida por la académica Maritza Farías, uno de los tres montajes que la Escuela de Teatro UV pondrá en escena durante el 2026, como parte del proyecto de Teatros Universitarios.
Basada en una historia real, la obra relata el drama de Justa, Lucía y Luciana Quispe, tres hermanas de la etnia Coya dedicadas al pastoreo en la precordillera que deciden suicidarse tras dar muerte a sus animales. Estrenada en 1980, se convirtió en un clásico de la dramaturgia chilena, al igual que la mayoría de las obras de Radrigán.
La directora cuenta que “la obra trata de la soledad, de la desolación y el aislamiento, de lo que existe alrededor. Las hermanas Quispe fueron encontradas colgadas de una roca en la laguna de Puquío, cerca de Inca de Oro, en la región de Atacama. Vivían solas en el altiplano y finalmente decidieron suicidarse".
Se llora de otras maneras, con silencios, con tristezas
El elenco está integrado por Maysa López, como Justa; Francisca Zúñiga, en el rol de Lucía; María Jesús Cabezas, como Luciana, y Darwin Leroy, interpretando a Don Javier. Mientras que el diseño está a cargo de Claudia Suárez; la composición musical es de Paul Hernández, y Joaquín Chaparro es asistente de dirección.
Al respecto, la profesora Maritza Farías explica que “como equipo de trabajo esperamos que los espectadores se identifiquen con la historia de estas hermanas; que no solo sean observadores, sino que sean parte de esa tristeza, donde la soledad se convierte en un aspecto transversal de la humanidad, que nos hace sentir pequeños ante la inmensidad del universo".
“La obra tiene fecha de estreno para fines de mayo y como propuesta de dirección es un gran desafío, porque se inicia desde el estado actoral que viene de los principios del teatro estático, que habla sobre las profundidades del alma y del simbolismo, que surge del mundo interior de los actores, el cual se manifiesta en la palabra que alcanza una importancia mayor”, aclara.
“Hay una profundidad en el decir y las acciones son mínimas, porque el cuerpo está desbordando de emoción, de sensibilidad y de una pena profunda. Es una obra muy bella, que habla de la humanidad, como decía el propio Juan Radrigán: se llora de otras maneras, con silencios, con tristezas”.




Nota: Rodrigo Catalán / Fotos: Matías Salazar