Ayuno intermitente no es mejor que la dieta clásica para bajar de peso, revela estudio realizado por el Hospital Italiano de Buenos Aires y el Ciesal UV
La mayor revisión de la evidencia disponible hoy sobre el tema concluye que esta popular estrategia, que en Chile cuenta con miles de seguidores, no muestra resultados diferentes frente a la restricción calórica tradicional. A semanas de su publicación en la Biblioteca Cochrane, este trabajo colaborativo ha tenido repercusión mundial.
El ayuno intermitente, es decir la suspensión de la ingesta de alimentos por una cantidad de tiempo determinada, puede ayudar a las personas a bajar de peso en forma transitoria, pero esta acción no resulta más eficaz que adoptar una dieta hipocalórica tradicional y, a mediano plazo, puede provocar rebotes importantes que incluso contribuyan a recuperar y aumentar los kilos perdidos.
Así se desprende de las conclusiones del trabajo colaborativo que realizó un equipo internacional de investigadores a cargo de la médica Eva Madrid, académica y directora del Centro Interdisciplinario de Estudios en Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valparaíso (Chile), y del médico del Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires (Argentina) Luis Garegnani, quien lideró la revisión en el contexto del desarrollo de su tesis doctoral, que dirige la doctora Madrid.
El reporte representa la mayor revisión de la evidencia disponible hoy sobre este tema y fue publicado en la Biblioteca Cochrane a mediados de febrero pasado, desde donde ha sido consultado y replicado miles de veces, generando una gran repercusión mundial.
Destacados diarios españoles como El País y La Vanguardia, o de habla inglesa como The New York Times y The Guardian, franceses como Le Figaro y Le Monde, el italiano Corriere della Sera, la Australian Broadcasting Corporation, así como importantes agencias noticiosas, cadenas de TV y radio de todo el mundo, además de revistas científicas y sitios digitales especializados, han citado el estudio y destacan su repercusión en el debate sobre las estrategias para bajar de peso que vienen copando los medios de prensa y las redes sociales desde hace años.
En efecto, sus conclusiones desmitifican una corriente muy en boga en medios alternativos y en especial en las redes sociales, que pretenden ver en la suspensión programada del alimento una suerte de receta milagrosa para la pérdida de peso.
También alerta sobre los peligros de adoptar dietas que, pareciendo originales, no consideran o incluyen un aspecto fundamental: sin un cambio de estilo de vida radical que implique hacer más actividad física, llevar una vida menos sedentaria, consumir alimentos nutritivos, equilibrar las proporciones de proteínas, grasas y carbohidratos, y no excederse en el consumo de calorías diarias, es casi imposible mantener la pérdida de peso y, por tanto, de manera inevitable la persona volverá a recuperar los kilos perdidos, con la consiguiente frustración e impacto en la salud física y psíquica.
Mirada realista
En relación con este impacto, los autores del estudio colaborativo se mostraron satisfechos de poder contribuir con evidencia dura, después de una vasta revisión sistemática de la literatura especializada sobre la materia, a una mirada más objetiva y realista sobre los métodos y estrategias más confiables para conseguir reducir el sobrepeso y la morbilidad de manera estable en el tiempo, sin poner en riesgo la salud.
Para ello, los investigadores involucrados en esta revisión sistemática se han propuesto poner a disposición de los usuarios, de los especialistas y de los desarrolladores de políticas públicas, herramientas consistentes para la toma de decisiones en la materia y contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas, en tiempos donde el sedentarismo y el sobrepeso se han convertido en una de las amenazas más evidentes para la salud poblacional.
Según explicó la directora del Ciesal UV, doctora Eva Madrid, la gran mayoría de los estudios evaluados durante esta investigación se realizaron en países de altos ingresos y con poblaciones sobre todo blancas, mientras que la prevalencia global del sobrepeso y la obesidad se ha triplicado desde 1975 y ya afecta por igual a los países de renta media y baja. “Futuras investigaciones tendrán que tenerlo en cuenta para determinar si el efecto de un tratamiento como el ayuno intermitente varía según el contexto socioeconómico”, apuntó.
Influencers y magia
Sin ir más lejos, Chile aparece en un reciente ranking de la OMS como uno de los primeros países en tasas mundiales de obesidad. Eso plantea un serio desafío para el sistema público de salud, por las graves morbilidades que pueden estar asociadas al sobrepeso. Por cierto, los tomadores de decisiones en esta materia tendrán que ser capaces de diferenciar entre las estrategias medianamente probadas por la evidencia científica y la investigación especializada y aquellas propuestas promovidas por influencers que ofrecen soluciones sin sustento empírico al problema del sobrepeso.
“El mensaje principal es que el ayuno intermitente no debe promocionarse como una solución dietética superior ni como mágica”, explicó a su vez el médico e investigador del Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires, Luis Garegnani.
En tal sentido, ambos comentaron que la evidencia sugiere que este tipo de ayuno funciona de manera muy similar a otras estrategias de reducción calórica, enfatizando que la pérdida de peso está influida por muchos factores: el comportamiento, el entorno, el mantenimiento de la dieta a largo plazo, y no solo por un patrón de alimentación específico.
Diferentes modalidades
El estudio colaborativo publicado en la Biblioteca Cochrane, y liderado por los especialistas e investigadores del Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires y del Centro Interdisciplinario de Estudios en Salud de la Facultad de Medicina de la UV, analizó 22 ensayos clínicos —vinculados a mil 995 pacientes— que comparan diferentes modalidades de ayuno intermitente.
El más popular consiste en la restricción horaria, que supone, por ejemplo, comer durante ocho horas al día y ayunar en las restantes dieciséis. También existe la modalidad 12-12, que es la más practicada entre principiantes, o la que las redes llaman “el guerrero”, que consiste en ayunar durante veinte horas seguidas y comer solo en un tramo de cuatro. Además evaluaron el ayuno de días alternos, el llamado método 5-2, es decir, comer cinco días y ayunar dos.
En relación con estas opciones, los autores investigaron los resultados de estas dietas frente a las tradicionales de restricción calórica, o sea, reducir el consumo diario de calorías, en adultos con sobrepeso u obesidad. El resultado principal fue que no se encontraron diferencias clínicamente significativas entre ambos enfoques en lo que respecta a la pérdida de peso.
La revisión publicada en la Biblioteca Cochrane llega en un momento en que el ayuno intermitente se ha convertido en un fenómeno cultural, con miles de libros vendidos, aplicaciones de teléfonos móviles y presencia constante en redes. El impacto futuro de estos resultados resulta trascendente considerando que dos tercios de las recomendaciones de salud que realiza la Organización Mundial de la Salud (OMS) están basadas en al menos una revisión Cochrane.
En síntesis, el nuevo trabajo no descarta el ayuno intermitente, pero sí lo rebaja, al menos por ahora, de la categoría de revolución dietética a la de una alternativa razonable para quien la tolere y pueda mantenerla, en igualdad de condiciones con otros enfoques dietéticos más clásicos. El peso de la evidencia, de momento, apunta a una conclusión tan poco espectacular como contundente: no es el reloj, sino el conjunto de hábitos, lo que decide la balanza.
En un ámbito en que suelen surgir gurúes con recetas mágicas bajo el brazo y expertos de dudosa formación académica promoviendo ayunos, artículos como el de Madrid y Garegnani contribuyen a despejar un poco el panorama.
“Los profesionales de la salud y los pacientes probablemente tendrán que decidir si utilizar o no el ayuno intermitente, caso por caso. Es decir, el ayuno es una estrategia similar a cualquier otra dieta, pero es un atajo”, aseguraron ambos al unísono.
Nota: Gonzalo Battocchio