Especialistas, docentes y estudiantes analizaron los desafíos que hoy enfrentan quienes se dedican a la intervención social y el cuidado de las personas
La importancia de incluir la evidencia en la prevención del delito, los efectos que conlleva la incorporación de los postulados del posthumanismo en algunas políticas públicas y los beneficios que genera la práctica del mindfulness en la salud física y mental, fueron los temas que abordó este año la Escuela de Verano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UV.
¿De qué manera la falta de evidencia en la definición, el diseño y la aplicación de políticas públicas en materia de prevención del delito debilita la capacidad estatal para proteger los derechos de las personas y fortalecer la cohesión social? ¿Cuáles son los efectos de incorporar las relaciones que las personas establecen con sus mascotas o con otros a nivel virtual en la configuración de las prácticas y los procesos de intervención social? ¿Hasta qué punto resultan beneficiosas las técnicas que promueven la regulación emocional y la presencia atenta como herramientas destinadas a potenciar los vínculos, comprender el sufrimiento y promover el bienestar individual en los contextos del trabajo profesional?
Estas tres interrogantes conformaron el eje sobre el cual giraron las presentaciones de la Escuela de Verano 2026 de la Facultad de Ciencias Sociales (Facso) de la Universidad de Valparaíso, cuya convocatoria invita cada nuevo año a estudiantes, docentes, especialistas y público en general a revisar certezas y repensar determinados enfoques.
La séptima edición de esta actividad —que se desarrolló en dos jornadas— fue inaugurada por la vicedecana Cecilia Concha, quien en la ocasión sostuvo que este encuentro es expresión concreta del compromiso que tanto la UV como esa Facultad asumen en su misión: poner el conocimiento al servicio de la sociedad y aportar a la discusión informada que requiere el país, para que las personas puedan entender y, posteriormente, enfrentar de mejor manera los problemas y desafíos que tensionan la vida en el presente.
“Este espacio busca motivar la reflexión, el diálogo y la actualización de saberes mediante enfoques inter y transdisciplinarios, en un mundo donde los hechos sociales se vuelven cada vez más complejos y demandan miradas renovadas, críticas y creativas. Con ello aspiramos a fortalecer las prácticas y el trabajo profesional de quienes se dedican a la intervención social y al cuidado, y su capacidad de respuesta ante las exigencias éticas, sociales y emocionales de nuestro tiempo”, apuntó la autoridad académica.
El predominio de lo temporal
El programa de este año de la Escuela de Verano de la Facso tuvo como primer invitado al sociólogo y doctor en Psicología Diego Piñol, profesor de la Escuela de Sociología de la UV, quien ha realizado más de cincuenta investigaciones y evaluaciones de política pública en educación, salud, prevención del delito y violencia en Chile y otros países de América Latina.
El académico, integrante del Núcleo Milenio para la Evaluación y Análisis de Políticas de Drogas y de la Sociedad Chilena de Criminología, expuso el tema “Prevención del delito: políticas públicas basadas en evidencia”.
De entrada, Piñol sostuvo que al evaluar la gestión que exhibe nuestro país en este ámbito de acción, en un ejercicio que involucró a todos los gobiernos que se han sucedido desde 1994 a la fecha, es posible identificar de inmediato un problema clave: las medidas destinadas a combatir la delincuencia y los crímenes suelen ser reactivas y se limitan a soluciones temporales y cortoplacistas.
Al respecto, el académico sostuvo que los datos disponibles permiten afirmar que en lo que respecta a la prevención de los delitos, en Chile se suelen repetir estrategias antiguas que buscan terminar casi por arte de magia con este tipo de hechos, al tiempo que se ignoran programas cuya efectividad ha sido debidamente probada.
En tal sentido, afirmó que aunque la delincuencia nunca se resuelve rápidamente, las acciones intermedias sí pueden ayudar a aminorarla y mejorar de ese modo el bienestar social.
Siguiendo esa misma línea, el sociólogo argumentó que la percepción sesgada de la evidencia y la presión por respuestas inmediatas influyen en las decisiones políticas, lo que genera un ciclo vicioso entre la ciudadanía y sus representantes. “La educación pública sobre soluciones a largo plazo es esencial. Por eso, la responsabilidad también recae en la academia, que en mi opinión está al debe en esto”, acotó.
Por lo anterior, Diego Piñol planteó que para avanzar y superar este estado, es necesario implementar políticas de prevención junto con medidas de control situacional, ya que las dos pueden coexistir. “Algunos líderes entienden que es posible trabajar en ambas áreas, combinando patrullajes con estrategias preventivas para reducir la ansiedad de la población”, añadió.
El sociólogo concluyó su exposición intentando explicar a qué obedece el aumento sostenido de la percepción de temor que manifiestan los chilenos frente a los delitos, a pesar de que las cifras y la evidencia revelan, de manera objetiva, que en los últimos años el número de estos ha bajado.
Al respecto, afirmó que el supuesto efecto de la excesiva difusión en los medios de comunicación y en las redes sociales no explica por sí solo este fenómeno.
“No hay política pública efectiva para reducir el temor de la población frente a delitos. La falta de análisis sobre este problema, junto con la percepción de debilidad del Estado, contribuye al miedo. La sensación de indefensión surge cuando la población siente que el Estado no está presente para protegerla, lo que genera desconfianza en denunciar delitos. Es crucial que el Estado demuestre gobernabilidad y capacidad de resolución para mejorar la seguridad. La corrupción también afecta esta percepción, ya que debilita la confianza en la función pública y en la capacidad del Estado para actuar adecuadamente”, sostuvo.
No obstante, Piñol enfatizó que los delitos han evolucionado en naturaleza y magnitud, mostrando un aumento en la violencia, especialmente con el uso de armas de fuego.
“Este cambio ha generado un mayor temor en la población, ya que la percepción de la violencia varía entre un asalto simple y uno amenazante con arma. Sin embargo, incrementar penas y construir más cárceles, estrategias ya intentadas en la década de 1990, no han reducido la criminalidad ni el miedo. Es necesario buscar soluciones más efectivas en lugar de repetir enfoques que no han funcionado”, concluyó.
Agencia de lo no humano
La primera jornada del Escuela de Verano prosiguió con la presentación del tema “Materialidades, naturaleza y agencia no humana: perspectivas emergentes para la intervención”, que realizó la trabajadora social Ketty Cazorla, especialista en intervención e investigación en el área de la salud mental y familiar.
La doctora en Psicología y docente de la Escuela de Trabajo Social de la UV abordó los efectos de incorporar la relación que ciertas personas establecen con algunos objetos inanimados, animales, la naturaleza o las tecnologías en la configuración de las políticas públicas, prácticas e intervenciones sociales, en base a los postulados del posthumanismo, corriente filosófica que cuestiona la centralidad del ser humano.
Bajo esa perspectiva, la docente analizó las implicancias de este ejercicio y dio cuenta tanto de los beneficios como de los desafíos que conlleva el hecho de que alguien considere a una mascota, un árbol, un bien preciado o un avatar virtual como elemento esencial de su vida o de sus interacciones con otras personas.
Ketty Cazorla aseveró que, en ese entendido, hoy las intervenciones no solo se deben centrar en el ser humano, sino también en esos elementos y materialidades, ya que en ciertos contextos las herramientas tradicionales terminan siendo insuficientes.
“Un ejemplo de esto son las situaciones de abuso que ocurren en plataformas digitales como Roblox, donde los usuarios no ven directamente al perpetrador, aun cuando existe una relación entre ambos, relación que puede ser virtual o sociomaterial, en el caso de objetos como las bolsas de diálisis, que muchas veces terminan siendo parte de la identidad y el cuidado de una persona. En ambos casos, lo humano y lo no humano influyen en lo social”, aseguró.
En ese mismo plano, la docente dijo que a pesar algunos avances, como la Ley Cholito o el reconocimiento del duelo por la pérdida de mascotas, en Chile falta que las políticas sociales se hagan cargo de estas realidades e integren esos elementos asociados al cuidado y la identidad personal.
“La práctica avanza más rápido que la academia. La literatura y la investigación en este plano son incipientes, pero es evidente la necesidad de reflexionar mucho más sobre estos temas, y en particular sobre el uso y las aplicaciones derivadas de la aparición de nuevas tecnologías, como la Inteligencia Artificial. Sin embargo, ya hay prácticas en este campo que responden a desafíos actuales, como el abuso en redes y el sufrimiento socioambiental. En este caso, la ciencia debe alcanzar a la práctica que ya se está llevando a cabo en el terreno”, sentenció Ketty Cazorla.
Presencia consciente
En su segunda y última jornada, la Escuela de Verano 2026 de la Facultad de Ciencias Sociales consideró un taller de tres horas sobre mindfulness y presencia consciente, que dictaron los psicólogos Carlos Varas, director de la Escuela de Psicología y coordinador nacional del Centro Espacio Mindfulness UV, y Viviane Silva, coordinadora internacional de esa misma instancia y del área de Supervisión y Tutoría de los alumnos del Diploma en Intervenciones en Salud basadas en Mindfulness que imparte dicha unidad académica.
Durante la actividad, ambos especialistas revisaron algunos elementos teóricos y de aplicación de esta práctica y, además, dieron cuenta de los fundamentos científicos e investigaciones que la sostienen como aporte a las intervenciones sociales y alternativa recomendada para prevenir enfermedades o para apoyar algunos tratamientos médicos o de naturaleza psicosocial.
En ese sentido, tanto Carlos Varas como Viviane Silva fueron enfáticos al sostener que el mindfulness apunta a ampliar la conciencia y robustecer el sistema nervioso y, por lo tanto, quien lo practica logra estar más consciente para regular sus procesos cognitivos, sus emociones y sus experiencias sensoriales. Según precisaron, esto favorece la toma de decisiones respecto de lo que cada persona necesita, potencia su capacidad de empatía y la compasión, aspectos que en la esfera del trabajo clínico, terapéutico o psicosocial contribuye a mejorar la relación usuario-equipo profesional e incentiva el trato humanizado en esos mismos contextos.


Nota: Gonzalo Battocchio / Fotos: Denis Isla